Microrrelatos

El hombre que se quedó sin lágrimas

Ataúlfo creyó que su vida se acababa cuando enterró a Ermelinda, su amadísima esposa.

Desde que la muerte se la llevó, Ataúlfo, lloraba cada día al visitarla en el cementerio.

Pero al cabo de un tiempo se le acabaron las lágrimas y el alivio de su pena al derramarlas.

Un día al llegar al camposanto, vio a una anciana mujer sentada en la puerta con unos frasquitos de cristal en su regazo. A su lado había un cartel con dos palabras escritas:

«Regalo lágrimas»

Ataúlfo preguntó el porqué de su regalo.

–Soy muy mayor y feliz con mi marido, con mis hijos y con mis nietos. La vida ha sido muy generosa con nosotros. Nunca hemos llorado y nuestras lágrimas rebosan. Por eso las guardo y vengo para dárselas a quien las necesite– le dijo ofreciéndole uno.

Ataúlfo aceptó el frasquito, se dirigió al lugar donde Ermelinda reposaba, y vertió las lágrimas de la anciana sobre la lápida de su esposa. Como siempre que iba a visitarla, se conmovió y notó que, por sus mejillas, se deslizaban de nuevo lágrimas que brotaban de sus ojos y aliviaban su corazón.

Miró hacia la anciana mujer, y ya no estaba.


Un corazón de otro

No podía moverme. Sin dolor, la sierra escindía en dos mitades mi esternón. Oía voces, palabras que no entendía.

Un silencio muy largo, y después ¡Ya está! ¡Extraedlo!

¿No tenía corazón? ¿pero sí cerebro?

¿Estaba muerto?

No –de repente la lucidez– alguien ha muerto por mí. Tal vez pueda agradecérselo algún día, si lo encuentro en la otra orilla.

Un nuevo silencio, aún más largo; lo interrumpió un rítmico bip bip bip.

No ha habido paso del tiempo; tal vez un cronón, el tiempo mínimo de Plank.

Recupero la consciencia. Estoy despierto. Estoy vivo.


Blancanieves

Cuando el príncipe besó a Blancanieves, que inmediatamente se incorporó, los siete enanitos se miraron atónitos ante el prodigio de verla despierta, de pie y ¡embarazada!


Dos hermanas

Fueron inseparables hasta después de su muerte, cuando los cirujanos intentaron separar a las dos hermanas gemelas siamesas sin conseguirlo.


Greguería

Tu sombra es la única que no puede protegerte del sol



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